Historias que se brindan:

relatos reales de quienes disfrutan ETÉREA

Cada persona que descubre ETÉREA lo hace desde un momento distinto: una pausa en medio del día, un encuentro con alguien querido o simplemente el deseo de volver a lo natural.

 

Nuestros aperitivos vínicos se comparten en instantes honestos, esos que no necesitan escenario perfecto, sino intención.

Hoy te contamos algunas historias — inspiradas en quienes han hecho de ETÉREA parte de sus rituales.

 

Laura — “Mi pausa al final del día”

“Trabajo con personas todo el día, y aunque amo lo que hago, a veces llego a casa sin energía para nada.
Hace unos meses empecé a preparar mi propio ritual: una copa de ETÉREA Clitoria & Pasionaria, una vela encendida y silencio.
Ese momento se volvió mi forma de volver a mí, de recordarme que la calma también se celebra.”

‘No necesito mucho para sentirme bien; solo un respiro, una copa y mi música favorita.’

 

Andrés — “La excusa perfecta para reunirnos”

“Con mis amigos nos vemos poco, todos vivimos corriendo.
Un día llevé una botella de ETÉREA de Flor de Jamaica a una cena, y terminamos hablando toda la noche sobre el color, el aroma, el sabor tan diferente.
No era una bebida más: era la excusa para quedarnos un rato más.
Desde entonces, cada encuentro empieza con un brindis Etérea.”

 

Isabela — “Un regalo que se sintió pensado”

“Buscaba algo diferente para regalarle a mi mamá, algo con significado.
Cuando vi la presentación de ETÉREA, me encantó la idea de obsequiar calma y belleza líquida.
Ella me dijo que fue el primer regalo que no quiso abrir de inmediato, solo para dejarlo un rato en su mesa y mirarlo.”

 

Camila — “Mi ritual de domingo”

“Los domingos me gusta ordenar flores, cocinar algo ligero y poner música suave.
ETÉREA se volvió parte de esa escena: un aperitivo fresco, con tonos que cambian con la luz.
Me hace sentir que la vida puede ser simple y bella a la vez.”

 

Daniela — “Una cena que se volvió recuerdo”

“Invité a un grupo de amigas y preparé una cena sencilla, pero cuidé cada detalle: platos, velas, flores.
Abrimos una botella de ETÉREA y terminamos hablando de la vida, los sueños, los miedos.
Fue una noche sin pretensiones, pero con alma.
Cada vez que veo esa copa azul/morada en las fotos, recuerdo que la calma también puede compartirse.”

 

Lo que todas estas historias tienen en común

Ninguna busca mostrar algo, solo vivir algo.
Cada historia es diferente, pero todas hablan de lo mismo:
la necesidad de pausar, disfrutar, cuidar los detalles y celebrar sin prisa.

ETÉREA no es solo una bebida; es una forma de brindar con intención.

¿Tienes tu propia historia ETÉREA?

Cuéntanos cómo vives la calma, los encuentros o los pequeños rituales que te conectan contigo. Podrías ser parte de nuestras próximas “Historias que se brindan”.

Descubre los aperitivos vínicos naturales de ETÉREA

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